Si Tucumán es un pueblo tropical, como sentenció el lunes la ministra de Educación, Silvia Rojkés, todos -o casi todos- bailan al ritmo de la salsa que impone el alperovichismo desde hace casi una década.
El gobernador, José Alperovich, pasó de los lujos de Dubai a la rústica pista de baile tucumana. Como para no perder la costumbre, apenas aterrizó sacó a bailar al intendente Domingo Amaya, al desautorizarlo con su idea de titularizar a 300 docentes municipales. Después, sí, debió tolerar el desplante de la sociedad, que se puso en el centro del escenario para decirle rotundamente que no a la intentona de instalar una planta transformadora de energía en pleno barrio Sur. Duro para retroceder, a lo largo de estos meses Alperovich insistió e insistió, pero nunca escuchó un sí del otro. Al final, por ahorrar sólo unos cuantos pesos en el tendido eléctrico y hacer todo a las apuradas, debió aceptar el desaire.
Luego le tocó el turno del baile con la Legislatura, habitual partenaire de sus performances. En estos días amagó con darles a los opositores el gusto de debatir en el recinto el informe de la Cuenta de Inversión de 2009 antes de que finalice el año. El apuro de los parlamentarios enfrentados al Gobierno radica en que ese informe con la ejecución de gastos quedará tácitamente aprobado si no es tratado antes de que finalice el actual período de sesiones. Desde el primer piso de la Casa de Gobierno hicieron correr la versión de que el documento, en un hecho inédito, sería abiertamente debatido. Ayer, sin embargo, la excusa oficial fue la falta de tiempo. La extraoficial, "para qué exponernos a las críticas cuando la ley nos permite evitarlas".
En la Legislatura también soportaron un par de flirteos oficiales. La visita del ministro de Economía, Jorge Jiménez, y el reparto de un CD con los datos desagregados del proyecto de Presupuesto para 2013 dejaron por un instante sin discurso a la oposición. Pero al final, todo fue un maquillaje: entre la visita del funcionario y la sesión en la que se aprobará el cálculo de gastos del Estado para el año entrante sólo transcurrirán ocho días: de jueves a viernes. Poco tiempo para desglosar archivos que detallan cómo se usarán casi $ 17.000 millones en 2013.
Al final de cuentas, Alperovich sólo "les tiró unos pasos" a los legisladores. Porque el proyecto de Presupuesto repite la misma cantilena de todos los años: no se sabe cómo ni cuánto gastarán las 93 comunas rurales porque están exceptuadas de presentar sus propios presupuestos, y el artículo 10 le da la suficiente discrecionalidad para reasignar partidas del rubro "Obligaciones a Cargo del Tesoro". Es decir, lo que mañana aprobará la Cámara podrá ser alterado sólo por Alperovich. Para 2013, en ese anexo hay previstos unos $ 6.700 millones. Esta semana, el radical Federico Romano Norri le enrostró esos superpoderes, pero Alperovich dijo que era todo una mentira. La Fundación del Tucumán, a través del área de Economía que dirige Eduardo Robinson, ya alertó sobre esa discrecionalidad al analizar el actual Presupuesto.
Hay que reconocer que así como Alperovich baila, también deja a los parlamentarios que se muevan. A los 49. Porque el CD que les repartieron tiene un desagregado con los gastos de cada uno de los organismos y poderes del Estado. Pero en los 24 anexos que componen el documento oficial repartido no hay ninguno que especifique cómo la Cámara gastará más de $ 500 millones en 2013. Por ejemplo, cuántos empleados -efectivos y contratados- hay; cuánto insume la dieta de los legisladores y cuánto los gastos sociales. Es que el hombre que hace lo que quiere, cuando quiere y porque quiere lo que quiere en Tucumán, también elige la música. Está en el resto salir a bailar.